RESEÑAS DE STRADIVARIUS REX

Palabra de Humor: El Cultural

Marcos Torío (EL Mundo/Baleares (5/04/09)

Entrevista por Félix Ruina (La Bolsa de Pipas)

M. Elena Vallés (Diario de Mallorca)

Reseña en Melibro/Crítica de Alvy Singer: foro de opiniones

Ramón Palomar en Las Provincias

Román Piña en Archipiélago Gulasch

Agustín Rivera

José Luis García Herrera: La coctelera

Fran G. Matute en revista Clone/ Almanaque de otoño

David Torres: Román Piña: Stradivarius Rex

Rubén Sáez en Ámbito cultural

Pablo Miravet

José Vicente Rojo

Agustín Fernández Mallo: blog

Ramón Palomar: 31/05/09

Nadal Suau en Bellver

Octavio Gómez Milián en su blog "Zaragota"

Rafael Reig en su blog: Ian McEwan orina en la oscuridad

Juan Francisco Ferré: El mono gráfico

Santos Sanz Villanueva en El Cultural

Carlos Manzano en Narrativas

Carlos Villar Flor Fábula

Frannia: http://frannia2.blogspot.com/2009/06/set-dies-amb-roman.html

Fernando González Ariza en "Otrolunes": http://www.otrolunes.com/html/librario/librario-n09-a10-p01-2009.html

Alvy Singer: Suplantaciones

Crítica en Quimera de Miguel Espigado

Luis María Anson en Zig zag de El Cultural

Miguel Dalmau en Qué Leer

Jesús Lens en Pateando el mundo

Antonio Toribios en El Filandón (Diario de León)

Alejandro Gándara en EL Escorpión (Blog de El Mundo)

Daniel García Ruiz en Estado crítico

Entrevista en ""Extrafalarium", con Ramón Palomar (Televisión Punt 2) Extrafalarium

David Gras en El Periódico del Mediterráneo

 



El Postre de Radio 3 (entrevista en audio)

En Youtube 1 2 3 4 5 (Presentaciones en Zaragoza y Madrid)

 


Stradivarius rex

Por José Ramón del Canto


Al leer la última novela de Román Piña, Stradivarius Rex, en la que su protagonista, Marcos Badosa, exhibe la facultad de vivir las vidas de otros hombres durante algún tiempo o durante el breve período de un día, me ha venido a la memoria un poema de Walt Whitman, el titulado There was a child went forth (Érase un niño que iba a la aventura) cuyos primeros versos dicen así:
Érase un niño que se lanzaba a la aventura todos los días, / y en el primer objeto que miraba y aceptaba con /asombro, piedad, amor o temor, en ese objeto se / convertía ,/ y ese objeto se hacía parte de él durante el día o una parte/ del día... o durante muchos años o largos ciclos /de años. [Trad. M. Villar]
y así el niño participaba de “las primeras lilas” o de “la hierba y el trébol blanco y rojo” o de “la lechona sonrosada de la marrana”, y también se convertía en “los afectuosos muchachos” o en “la maestra que pasaba de camino a la escuela”, en “la madre poniendo plácidamente los platos en la mesa para la cena”, en “el viejo borracho que se tambalea hacia casa desde el retrete exterior de la taberna”, e incluso, en “el padre fuerte, seguro, viril, mezquino, colérico, injusto”, etc. También Marcos Badosa se convierte en sucesivas vidas, en un piloto de Air Berlín, en un albañil que trabaja con yeso, en un millonario, en un enfermo imaginario o en el mismísimo Bill Clinton.
La novela de Román Piña pertenece sin duda al género literaio de las metamorfosis. Su protagonista, al igual que Leonard, el de la metafórica película de Woody Allen Zelig, se transforma en todo aquello que le rodea o imagina. Marcos Badosa, al igual que Leonard, se siente un hombre-camaleón (p. 152). La razón última de la variedad de metamorfosis de ambos personajes es el vacío de sus vidas, lo que lleva a estos hombres-masa a la necesidad de vivir vidas ajenas. Quizá sea el deseo de aquello que se quiere el motor que desencadena las metamorfosis, o quizá (como en el caso del escarabajo del relato de Kafka), aquello que se teme, si es que no es el asombro o la piedad, como sugiere el viejo Withman. María Zambrano, siempre tan iluminadora, reflexionando sobre este tema dice: “La metamorfosis es la forma en que todo lo humano evita el padecer. Y todos los embriagados de vida, apetentes de ser más u otra cosa que hombres, han soñado atravesar el mundo metamorfoseándose”. Aunque las vidas de Marcos Badosa no son en su mayoría precisamente envidiables, su deseo de ser otro revela sin duda el intento de huida de una vida mezquina, de la misma manera que en los viajes se viaja para huir de un sitio más que para llegar a otro deseado. Pero las metamorfosis no pueden resultar para Marcos la solución última, porque, a pesar de sus metamorfosis, guarda su propia identidad, y además, porque no puede escapar del tiempo que inexorablemente avanza. Este hecho condiciona, explica y facilita la estructura formal de la novela: La vida novelada de Marcos se cruza y confunde con otras muchas micronovelas. De este modo se presenta toda una comedia humana -y también una tragedia- a través de múltiples registros.
El deseo de huir que propician las metamorfosis, dice María Zambrano, “es la clave de todas las ansias de evasión, hasta de la legítima que se llama arte”. Desde esta perspectiva, la literatura propicia algunos tipos muy especiales de metamorfosis: la transformación del autor en sus personajes: “Madame Bovary soy yo” (Flaubert), y la del lector con ellos, como enseña de manera trágica y cómica Don Quijote. Esta última idea cierra el bello poema de Withman:
Todas estas cosas se hicieron parte de aquel niño que se/ lanzaba a la aventura todos los días y que se lanza ahora/ y se lanzará a la aventura cada día;/ y todas estas cosas se hacen de aquel o de aquella que ahora los lee atentamente.