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NOTA DE PRENSA: 16/08/09, Palma de Mallorca.
Fallo del VI Premio literario Cafè Món
Un jurado compuesto por Miguel Dalmau, Agustín Fernández Mallo,
David Torres y Román Piña ha fallado el 14 de agosto, tras largas
deliberaciones, el VI Premio Cafè Món a favor del manuscrito presentado
por José Vidal Valicourt, titulado El hombre que vio caer
a Gilles Deleuze. Asimismo el jurado quiere hacer mención
especial del manuscrito Barrio quemado, de Pedro Andreu, y
destacar el gran nivel de calidad de los finalistas, que fueron: Mónica
Sánchez con La ciudad y sus curvas, María Eugenia Chuca
con Estrellas y otros cuentos y Julián Ruiz-Bravo con Lucio.
El Premio Cafè Món se convoca anualmente por la revista literaria
LA BOLSA DE PIPAS con patrocinio del Cafè Món de Palma. Lo obtuvo
por primera vez Agustín Fernández Mallo con Creta lateral
travelling y en 2008 Jesús Zomeño con Lengua azul.
Es un premio abierto a todo género literario. La obra del ganador de
2009, Vidal Valicourt, será publicada por la editorial Sloper el próximo
septiembre.
José Vidal Valicourt (Palma de Mallorca, 1969)
es licenciado en Filosofía y está en plena elaboración
de una tesis-ensayo sobre la obra de Maurice Blanchot . Es articulista de Diario
de Mallorca y autor de los siguientes libros: Encuentros y fugas
(Editorial Ópera Prima, Madrid, 1999); Ruido de fondo (Calima
ediciones, Palma de Mallorca, 2000); La playa de las gaviotas cojas
(Editorial Ópera Prima, Madrid, 2003); La fiebre de los taciturnos
Editorial María del Villar, Tafalla, Navarra, 2003); La casa
de Mallarmé (Premio Leonor, Soria, 2004); Zona de nadie
(Premio José de Espronceda, Almendralejo, Extremadura, Libros del Oeste,
2005). Ha colaborado puntualmente en las revistas Quimera
y Casatomada.

Breve presentación de
EL HOMBRE QUE VIO CAER A GILLES DELEUZE
La poesía queda detrás de estos relatos cuyos protagonistas han
perdido el juicio o a punto están de perderlo. Personajes que habitan
en la periferia de la cordura, con un pie puesto en un suelo precario y el otro
en el abismo. 21 fragmentos o poemas que no quieren serlo y que sólo
pueden desarrollarse mediante una prosa instalada en la locura. Hay solitarios
que frecuentan fiestas, francotiradores apostados en azoteas, hombres
sin memoria que revisitan Comala, trombonistas que juran haber tocado con Tom
Waits o que han visto caer a Gilles Deleuze desde una ventana, tipos que
no paran de conducir a través de la meseta castellana aunque ellos se
creen que lo están haciendo a través del medio oeste americano,
etc. También asistimos al rodaje de alguna película que acaba
siendo la filmación de la propia vida. Y luego están las
ciudades: Berlín, Lisboa, Madrid, Nueva York experimentadas bajo condiciones
extremas y con la mirada desquiciada. Hay humor y drama, sarcasmo y poesía.